Alergia o sarna: aprende a diferenciarlas y por qué no son lo mismo…

Cuando aparecen picores, enrojecimiento o pequeñas lesiones en la piel, muchas personas no saben si se trata de una simple alergia o de sarna. Aunque ambos problemas afectan la piel y generan incomodidad, sus causas, síntomas y tratamientos son muy diferentes. Saber distinguirlos es fundamental para evitar complicaciones y tratar correctamente cada caso.

La alergia cutánea ocurre cuando el sistema inmunológico reacciona ante una sustancia que percibe como dañina. Esto puede incluir polen, alimentos, productos de higiene, medicamentos o incluso picaduras de insectos. Los síntomas más frecuentes incluyen enrojecimiento, inflamación, comezón intensa, aparición de ronchas y, en casos más graves, ampollas o descamación de la piel. Las alergias suelen aparecer de manera rápida tras el contacto con el alérgeno y pueden desaparecer al eliminar la exposición y aplicar tratamientos específicos, como cremas antihistamínicas o medicamentos orales.

Por otro lado, la sarna es una infección causada por un ácaro microscópico llamado Sarcoptes scabiei, que se introduce bajo la piel y provoca irritación y picazón intensa. La sarna es altamente contagiosa y puede transmitirse por contacto directo con personas infectadas o a través de ropa, sábanas y objetos compartidos. Los síntomas incluyen picazón persistente, especialmente por la noche, pequeñas protuberancias rojizas, costras y surcos finos en la piel donde los ácaros se esconden. A diferencia de las alergias, la sarna no desaparece sola y requiere tratamiento médico con cremas especiales o medicamentos orales.

Una forma de diferenciar entre alergia y sarna es observar la ubicación y el patrón de las lesiones. Las alergias suelen aparecer en áreas de contacto directo con el alérgeno, como manos, rostro o brazos, y pueden extenderse de manera irregular. En cambio, la sarna presenta una distribución más característica: entre los dedos, muñecas, axilas, genitales y pliegues de la piel, formando surcos visibles que son típicos de la infestación por ácaros.

Otro indicio clave es el momento en que aparece la picazón. La comezón por sarna suele intensificarse durante la noche, mientras que las alergias pueden presentarse en cualquier momento, dependiendo de la exposición al desencadenante. Además, la sarna puede afectar a varios miembros de la familia al mismo tiempo, mientras que una alergia generalmente se limita a la persona expuesta al alérgeno.

El diagnóstico correcto es crucial. Los dermatólogos suelen realizar un examen físico detallado y, si es necesario, tomar una muestra de piel para confirmar la presencia de ácaros en casos sospechosos de sarna. Para las alergias, pueden realizarse pruebas cutáneas o análisis de sangre para identificar los alérgenos específicos.

En cuanto al tratamiento, las alergias cutáneas suelen manejarse con antihistamínicos, cremas calmantes, evitar el alérgeno y mantener la piel hidratada. Por otro lado, la sarna requiere medicamentos específicos, como permetrina o ivermectina, además de medidas de higiene estrictas: lavar ropa, sábanas y toallas a altas temperaturas para eliminar los ácaros y evitar reinfestaciones.

En conclusión, aunque la sarna y las alergias pueden parecer similares por los síntomas cutáneos, sus causas, tratamientos y riesgos son completamente diferentes. Reconocer las diferencias permite actuar de manera oportuna y efectiva, evitando complicaciones y garantizando una recuperación más rápida. Ante cualquier duda, siempre es recomendable acudir al dermatólogo para un diagnóstico profesional y un tratamiento adecuado.

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