e encargaré el ataúd de la mejor calidad”, susurró el esposo a su esposa en coma… hasta que un mensaje aterrador lo detuvo

Durante más de dos semanas, ella había estado en coma tras un terrible accidente. La vida de su esposa se mantenía solo gracias a los aparatos, y los médicos habían sido claros: las probabilidades de recuperación eran mínimas. Para muchos, la situación demandaba aceptación y paciencia; para él, era una oportunidad. El esposo, con el corazón aparentemente roto, fingía tristeza mientras planeaba beneficiarse de la tragedia. Frente a los médicos, se inclinaba, sollozaba y suplicaba despedirse, desplegando un drama tan convincente que la joven enfermera que observaba desde el vidrio se conmovía discretamente. Nadie sospechaba la oscuridad que había en sus pensamientos.

Al entrar solo en la habitación, el esposo se acercó a la esposa inmóvil. Su semblante sereno parecía un sueño, pero los tubos que la mantenían viva contaban otra historia. Fingió ternura, secó lágrimas que había provocado y, con voz baja y calculada, susurró: “Te encargaré el ataúd de la mejor calidad… ya tengo el dinero. Todo tu dinero es mío ahora”. Sonrió, satisfecho con su macabro plan, listo para salir de la habitación y dejar atrás lo que él consideraba un obstáculo para su riqueza. Cada movimiento estaba calculado, y la tensión en el ambiente parecía un hilo a punto de romperse, mientras la lluvia golpeaba suavemente las ventanas y reforzaba la sensación de un momento cargado de misterio y peligro.

Pero justo cuando creyó tener todo bajo control, su teléfono vibró. Un mensaje que apareció en la pantalla detuvo su salida en seco. La pantalla brillaba, mostrando un aviso que cambió el rumbo de todo: su plan, su seguridad y quizás su vida. El mensaje no solo lo aterrorizó, sino que también le recordó que nadie está realmente a salvo de las consecuencias de sus actos. Lo que parecía un crimen perfecto estaba a punto de enfrentarlo con algo que no había previsto: la verdad y la justicia. Esta historia nos enseña que la codicia y el engaño pueden ser el inicio de la caída de quien menos lo espera, y que incluso en los momentos de aparente control, un solo detalle inesperado puede cambiarlo todo.

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