Mi mamá dijo que soy hermosa” puede parecer una frase sencilla, incluso cotidiana, pero para muchas personas representa mucho más que un cumplido. Es una afirmación cargada de amor, seguridad y validación emocional que, en muchos casos, marca la manera en que una persona se ve a sí misma durante toda su vida. Desde la infancia, las palabras de una madre tienen un peso especial: construyen autoestima, moldean la identidad y crean una base emocional sólida. En un mundo donde constantemente se imponen estándares irreales de belleza, escuchar de alguien que nos ama incondicionalmente que somos hermosas puede convertirse en un ancla emocional poderosa. No se trata solo del aspecto físico, sino de sentirnos aceptadas tal como somos, con nuestras virtudes, imperfecciones y rasgos únicos. Esa frase, dicha en el momento correcto, puede sembrar una confianza que florece con el tiempo.
La relación entre la autoestima y los mensajes que recibimos en casa es profunda. Estudios sobre desarrollo emocional señalan que los niños que crecen con refuerzos positivos suelen tener mayor seguridad personal en la adultez. Cuando una madre dice “eres hermosa”, no solo habla del exterior, sino que transmite orgullo, amor y reconocimiento. Ese mensaje se convierte en una voz interna que acompaña a la persona en momentos de duda, comparación o inseguridad. En la adolescencia y adultez, cuando las redes sociales, la publicidad y la presión social intentan definir qué es bello y qué no, esa voz puede marcar la diferencia entre aceptarse o rechazarse. Aprender a valorarse no nace de la nada; se construye con palabras repetidas, gestos cotidianos y miradas llenas de afecto. Por eso, una frase aparentemente simple puede tener un impacto duradero y positivo en la salud emocional.
Hoy, muchas personas adultas recuerdan con claridad la primera vez que alguien creyó en ellas sin condiciones, y en muchos casos fue su madre. Decir “soy hermosa” no debería depender de la aprobación externa, pero cuando esa seguridad se cultiva desde el hogar, resulta más fácil mantenerla frente a las críticas o comparaciones. Este tipo de mensajes también nos invita a reflexionar sobre cómo hablamos a quienes amamos: nuestras palabras pueden fortalecer o debilitar, inspirar o limitar. Repetir frases positivas, reconocer el valor interno y fomentar la autoaceptación es una forma de dejar huellas emocionales saludables. Al final, la verdadera belleza no reside solo en el espejo, sino en la confianza, la autenticidad y la forma en que nos tratamos a nosotros mismos. Y muchas veces, todo comienza con una madre diciendo, con total sinceridad: “eres hermosa”